EL HUFFINGTON.POST
PASARÓN LOS GOYA Y ME SIGUEN DOLIENDO LOS PIES: ¿CUANDO APRENDEREMOS?.
Espera, espera. ¿Acaso habría ido yo indecente en deportivas, me pregunto ahora, tras dos días de infinito dolor de pies después de (me repito, pero es que están clavadas en mi cabeza) tres horas y media de alfombra roja? ¿No me había duchado y puesto ropa limpia, que también tenía que ponerme vestido y tacones y medias? Medias que del trajín, obvio, acabaron destrozadas... y eso que me podía poner medias, que para mí era estéticamente/políticamente correcto, que últimamente ni siquiera lo es; pero no abramos hoy ese melón.
No voy a decir nada que no se haya contado ya (entre otras Leticia Dolera, que da una magistral lección de acierto y sencillez narrativa en su artículo en Píkara), pero en la fiesta del cine español, en el día en el que más se habla de esa industria en este país, la reinvidicación española fue más feminista que nunca y sus aledaños tan machistas como siempre. Es difícil, lo sé. Que puedes ir en traje y zapatos si quieres (¿no era mejor que todas las actrices salieran a presentar en zapato plano que el que Dani Rovira se pusiera tacones durante dos minutos?), pero parece que no. Que no vale. Que no cuentas. Que no eres eso, decente. Que no vas a salir en ninguna parte y que no vas a ser parte de la alfombra roja, de la gala. Que se acabó la fiesta.
Además de que ¿por qué no? arreglarse puede ser divertido. Muy divertido. Forma parte del juego, del disfraz, de esa noche especial. A muchas mujeres les gusta ir en deportivas, nos gusta. Y también les gusta ir en tacones, nos gusta. Esa es parte de la reivindicación, de la dicotomía en la que vivimos. Pero que sea cuando queremos, el rato que queremos y porque queremos. No se imaginan la de chicas (también actrices, muchas) que, a las tres, a las seis de la mañana, paseaban por el Marriott con un vestidito a media pierna y unas deportivas. Tampoco se imaginan cuántas acabaron con sus taconazos. Solo queremos elegirlo nosotras mismas. Y, si queremos, que acaben doliéndonos los pies de tanto bailar.
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